Siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos.


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miguel de cervantessiemprelosricosdanliberaleshallanquiencanonicesusdesafueroscalifiqueporbuenosmalosgustossiempre loslos ricosricos queque dandan enen liberalesliberales hallanhallan quienquien canonicecanonice sussus desafuerosdesafueros yy califiquecalifique porbuenos sussus malosmalos gustossiempre los ricoslos ricos quericos que danque dan endan en liberalesen liberales hallanliberales hallan quienhallan quien canonicequien canonice suscanonice sus desafuerossus desafueros ydesafueros y califiquey califique porcalifique por buenospor buenos susbuenos sus malossus malos gustossiempre los ricos quelos ricos que danricos que dan enque dan en liberalesdan en liberales hallanen liberales hallan quienliberales hallan quien canonicehallan quien canonice susquien canonice sus desafueroscanonice sus desafueros ysus desafueros y califiquedesafueros y califique pory califique por buenoscalifique por buenos suspor buenos sus malosbuenos sus malos gustossiempre los ricos que danlos ricos que dan enricos que dan en liberalesque dan en liberales hallandan en liberales hallan quienen liberales hallan quien canoniceliberales hallan quien canonice sushallan quien canonice sus desafuerosquien canonice sus desafueros ycanonice sus desafueros y califiquesus desafueros y califique pordesafueros y califique por buenosy califique por buenos suscalifique por buenos sus malospor buenos sus malos gustos

Hace tiempo conviví casi dos años con una mujer hasta descubrir que sus gustos eran exactamente como los míos: los dos estábamos locos por las chicas.Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos.La base de nuestra civilización está en la libertad de cada uno, en sus pensamientos, en sus creencias, sus opiniones, su trabajo y sus ocios.El árbol bien cultivado se conoce por sus frutos, y el corazón del hombre por la expresión de sus pensamientos.A un alma se la mide por la amplitud de sus deseos, del mismo modo que se juzga de antemano una catedral por la altura de sus torres.Es sabio, el que calla sus errores, pero lo es aùn más quien calla sus aciertos.